¡Dale Campeón!

Siempre pensé que cuando tuviera mi blog seguramente uno de los temas de los que escribiría recurrentemente serían los deportes.

Hay muchas razones para ello. La primera y acaso la más importante es que simple y llanamente me gustan mucho los deportes (en esta etapa de mi vida por desgracia más verlos que jugarlos aunque tengo la secreta esperanza de que esto cambie para bien algún día no muy lejano).

Otra razón es que los deportes forman parte de la vida diaria… Son noticia. Son tema obligado. Son una razón y excusa para socializar en el más amplio de los sentidos y en las mas variadas formas.

Con esto de las redes sociales se ha abierto además toda una nueva forma de compartir y comentar sobre las cosas que pasan en el universo deportivo día con día. El último mundial de fútbol, por ejemplo, fue para mí el primer mundial totalmente interactivo. Creo que casi todos los partidos que ví los viví por TV en directo -por cierto, La alta definición es un viaje de ida para todos los amantes del deporte :P-, Facebook y Twitter. Debo decir que fue una nueva, grata e interesante experiencia poder discutir y comentar los más mínimos detalles al mismo tiempo con un gran amigo en México y con otro gran amigo en Inglaterra y asi sucesivamente.

Lo mismo me pasó con los playoffs de la última temporada de la NBA, el pasado Mundial de Rugby, la Serie Mundial de Baseball o la final de la Copa Davis de Tenis por no mencionar el recién jugado clásico español entre Real Madrid y Barcelona (¡Ganó el Barcelona 3 a 1 el día de ayer en un partido vibrante y lleno de emociones! ¡Visca Barca! :)) y calculo que me seguirá pasando de ahora en más.

Una de las razones por las que me gustan los deportes y, en particular, por lo que creo que vale la pena muchas veces pensar, discutir e incluso escribir sobre ellos es porque los deportes son a veces pequeños universos donde se ensayan y viven grandes lecciones de vida tanto para el que los juega como para el que los vive y analiza como espectador.

Lo anterior lo digo y sostengo además en un sentido bastante amplio, tanto con respecto al deporte en cuestión como con respecto al tipo de ámbitos a los que aplican y la profundidad de estas lecciones de vida a las que me refiero. En muchas ocasiones me he encontrado elucubrando rebuscadas conclusiones tanto respecto a las personas y su manera de reaccionar a las distintas situaciones de la vida como respecto a los equipos  y su funcionamiento. He encontrado también aplicaciones a personas o a empresas e instituciones donde aplican tanto o más las mismas reglas y patrones psicológicos y sociológicos que vemos ensayadas en cada partido o incluso jugada. He encontrado paralelos entre tácticas y estrategias que veo en el campo de juego y aquellas propias de pequeñas empresas o grandes corporaciones.

Ya entrados en el terreno de la pura divagación tengo la seguridad de que una buena parte de los patrones con los que entrenamos nuestros cerebros día con día vienen de la observación y práctica del deporte. Al menos en mi caso no me queda la menor duda de que esto funciona asi…

Todo esto viene al caso porque Boca Juniors juega hoy su último partido del campeonato ya con el título de campeón en la mano y el trofeo en las vitrinas del club desde hace 2 partidos. Después de unos 3 años sin títulos para el club era muy difícil dejar pasar la ocasión sin escribir algo al respecto :).

Para los que todavía no conozcan los detalles específicos respecto a Boca Juniors (oficialmente Club Atlético Boca Juniors o simplemente Boca para sus hinchas -simpatizantes o fanáticos-) baste decir que es el equipo más popular de la Argentina (aprox. 40% de la población futbolera es hincha de Boca segun las estadísticas oficiales), seguramente uno de los equipos americanos más populares en el mundo (además de uno de los más ganadores de copas internacionales), que tiene más de 106 años de fundado y que forma parte del ADN argentino en mucho más de un sentido.

Boca es un club fuertemente identificado con las clases populares -de hecho, surgió en uno de los barrios más pobres de la ciudad y conserva su sede allí-,  caracterizado históricamente por un juego más de carácter que vistoso.

La Maga tuvo el atino y el gran mérito de inducirme desde bien temprano en nuestro amor por los caminos del fanatismo a este hermoso equipo :). Ayudó además que esto sucedió justo en una de las etapas más gloriosas del equipo y que justo también en esa época empezaban a transmitir internacionalmente los juegos con lo cual pudimos disfrutar dicha etapa en toda su plenitud desde México donde nos encontrábamos entonces.

La de Boca es una hinchada por demás particular. No es sólo la más numerosa sino también sin dudas una de las más efervescentes, originales, influyentes y fieles que conozco. En los 12 o 13 años siendo hincha me ha tocado escuchar sólo un par de pases de factura, en algunos momentos especialmente bajos más de actitud que de resultados,  lo cual no es un dato menor para un equipo con tantas exigencias.

Su estadio -la mítica Bombonera– es una especie de templo del fútbol conocido y reverenciado por simpatizantes y temido por los adversarios. Un lugar que vale la pena conocer y experimentar, de preferencia durante un partido. Se dice que “La Bombonera no tiembla, late” y solo hace falta estar dentro cuando juega Boca para comprobarlo en carne propia. Parece que se viene abajo cuando la gente salta -lo cual es muy a menudo- y es tan inclinada que sientes que si te caes lo harás dentro del campo de juego… Es un lugar realmente especial donde se vive el fútbol con muchísima intensidad.

Boca, decía, salió nuevamente campeón del fútbol argentino este campeonato y después de unos 3 años sin un título. Lo hizo además sin lujos pero con mucha autoridad y justicia.

Las estadísticas no dejan mentir: 28 partidos sin perder (racha que comenzó en el torneo pasado y que serían 29 si hoy la continuamos), 9 puntos más que el segundo lugar (antes de jugar la última fecha), escasos 6 goles en contra en los 18 partidos disputados (record si hoy no recibimos goles). Es claro que el nivel del torneo fue más bien bajo pero la diferencia es tal que esto no le quita ningún brillo a lo logrado por este Boca campeón.

Pero lo más curioso e interesante de todo es que el torneo pasado, hace escasos 6 meses y con condiciones aparentemente similares, Boca terminó en los últimos lugares de la tabla de posiciones y arrancó este torneo con el fantasma del descenso de categoría sentado en la mesa en cada comida.

Aparentemente similares. Claro… ¿O será que hubo pequeños cambios y ajustes en el equipo que terminaron que en el más puro estilo de mariposas aleteantes terminaron por ser suficientes para armar un equipo sólido, ganar un campeonato y perfilarse para un promisorio 2012?

Primero, creo que hubo la llegada de 2 jugadores claves. Tal vez los más insólitos refuerzos. Tal vez los únicos que podían realmente aportar lo que faltaba. Boca se cansó de traer a los mejores refuerzos y entrenadores en los últimos años sólo que nunca pudo resolver el problema de su endeble defensa.

En esta ocasión este equipo se armó “de atrás para adelante” como dictan los viejos dichos futboleros. En lo que para mi fue sin dudas el jugador del campeonato, volvió Rolando “El Flaco” Schiavi, un histórico del club en el ocaso de su carrera. Tenía 38 años y existía la duda de si estaría física y mentalmente a la altura de sus mejores tiempos. Y vaya si lo estaba. El Flaco ordenó la defensa y el vestuario de una manera que hacía muchísimo no veía (algunos, con la adrenalina todavía a flor de piel y nublada la razón con el resplandor del título, ya empezamos a candidatearlo para hacer lo mismo en la selección argentina…). Su presencia fue clave. Transmitió liderazgo, seguridad, sobriedad, dureza, garra, orgullo, pragmatismo y oficio. Todo lo que un gran defensor central debe transmitir. A su lado Insaurralde, Roncaglia y Clemente se sintieron seguros y fecha tras fecha fueron levantando el nivel y consolidánsose en sus respectivas posiciones. Como resultado Boca logró el record de sólo 6 goles en contra en 18 partidos (actualización: 19. Boca acaba de ganar su último partido 1 a 0…). Cuando el equipo logró de a poco consolidarse con una seguidilla de buenos partidos creció en lo colectivo y con esto crecieron los rendimientos individuales. Vieja pero siempre vigente paradoja: ¿Qué vino primero, el huevo o la gallina? Esto no hubiera sido posible sin continuidad y persistencia del cuerpo técnico y la directiva por un lado y sin este par de ajustes claves por el otro.

El otro refuerzo al que me refería era a Agustín Orión, el arquero (portero), quien con una personalidad impresionante logró meterse al hincha de Boca en el bolsillo y hacernos recordar los tiempos de Córdoba, el colombiano -salvando las reverenciales e históricas distancias-. Su influencia fue vital en las pocas oportunidades en las que tuvo que intervenir. Hacía mucho que no veía un arquero de Boca con tanta autoridad y seguridad: Un complemento ideal para una defensa reforzada.

Como segundo cambio importante Boca consolidó el mediocampo. Después de innumerables jugadores que pasaron sin pena ni gloria -Boca es una especie de moledora de carne en cuanto a jugadores se refiere- y en parte por perder referentes importantes por lesiones -algunas muy crónicas como la de Battaglia- y ventas, nunca le encontramos la vuelta a el tándem destruir-construir que se debe desarrollar siempre en esta zona del campo.

Contra un mal primer semestre de Somoza y Erviti, las lesiones de Riquelme y Rivero y el opaco rendimiento de sus sustitutos naturales el cuerpo técnico y la dirigencia nuevamente apostaron por la paciencia, la prudencia y la continuidad. Sin refuerzos y acomodando solo algunos detalles tácticos en el campo los mismos jugadores armaron un gran y peleador mediocampo. Era un mediocampo a lo Bianchi, de esos que muerden continuamente al rival y exhiben grandes dosis de sacrificio y espíritu colectivo. Nuevamente, la consolidación del equipo fue repercutiendo en una levantada de nivel de los jugadores. Ya en este punto el equipo tenia vida propia, había desarrollado una mística donde era mucho más importante el rendimiento colectivo que los intérpretes en cancha.

A partir de algún punto en el camino, el equipo se había encontrado y por eso, cuando comenzaron las lesiones, Boca mantuvo y por momento incluso mejoró su rendimiento en algunos partidos donde jugamos con 4 o 5 sustitutos. Perdimos a nuestro delantero titular, Viatri y a Riquelme, nuestro mejor jugador, capitán y emblema y luego a varios más. Esta particularidad de los grandes equipos es una característica especial para la cual no hay mas fórmula que el trabajo serio, la paciencia -estas características maduran y muchas veces no pueden ni deben apresurarse-, y la apuesta al funcionamiento colectivo como filosofía de juego -y de vida-. Normalmente, el exitismo presente en el deporte impide que se combinen los factores -especialmente el de la continuidad- y se da sólo aisladamente y casi por casualidad. Por suerte, hoy hay equipos cuyo proyecto se basa precisamente en estas características. Asi, hoy nos toca ser espectadores de un equipo como el Barcelona que precisamente tiene a estas características como valores fundacionales y no sólo esto, sino que además lo logra con el fútbol vistoso y ofensivo que hoy asombra al mundo y nos hizo renovar esperanzas y pensar que la belleza de juego y espíritu en una cancha no es una quimera.

Pero como siempre pasa en los equipos grandes como Boca, pronto estaremos pensando en los próximos torneos locales e internacionales y autoimponiéndonos nuevas exigencias. Hasta entonces, aprendamos un poco las lecciones, disfrutemos por un momento el título número 24 y gritemos a todo pulmón: ¡Dale Campeón!