Mis brazos, tu morada

Se enroscan mis brazos;
descubriendo tus valles, arriesgándose en tus alturas,
explorando los suaves contornos de tu geografía
zigzagueantes, tibios y calmos,
como las aguas de un arroyo
en tiempos estivales.

Acomodan el peso. Toman su lugar;
su espacio y posición perfecta.
El remanso para desagotar el cansancio del día.
Y te descubro envuelta  toda de mí,
cubierta y cómoda descansas y te acurrucas.
Mis brazos, tu morada.

Eres feliz.

Buenos Aires. Diciembre 2011